Una indiferencia que provoca

POR TOMAS AQUINO MENDEZ.- Son muchas las ocasiones que, ante los reclamos de los pueblos, las autoridades se hacen ciegas y sordas. Cuando eso sucede, la población se altera y la protesta es su único camino. Sucedió hace poco con los agrónomos agrupados en la Asociación Nacional de Profesionales Agropecuarios –ANPA-.
Luego de varios diálogos, promesas y espera sin respuesta, tomaron las calles. Decidieron una marcha desde el parque Independencia hasta el Palacio Nacional. Menos de 800 metros. La respuesta fue la agresión. Bombas y chorros de agua en contra de hombres que marchaban pacíficamente.
Reclamando mejor salario, mejores condiciones laborales, reposición de compañeros cancelados y más profesionales para el campo. Una respuesta inadecuada. Cuando miles de hombres y mujeres de la región Enriquillo, en el suroeste del país, levantaron la voz, tan alta como lo hacía el indio Enriquillo con su caracola, lo hicieron para advertir a las autoridades sobre una serie de reclamos.
Desde aquel 7 de junio, ninguna autoridad se ha acercado a la Coalición Enriquillo, responsable de aquella convocatoria. No han llamado a los dirigentes ni siquiera para hacerles una PROMESA FALSA.
Es esa actitud indiferente, la que impulsa a los pueblos a tomar caminos distintos a los diálogos pacíficos. En esa ocasión los hombres y mujeres del suroeste reclamaban: respeto al medio ambiente, terminación del proyecto Monte Grande, cese de la actividad minera en la zona montañosa y la protección de Bahoruco Oriental.
A casi un mes de aquella multitudinaria marcha y ante la sordera de las autoridades, la Coalición Enriquillo, contempla nuevas acciones. Solo confiamos que la respuesta de las autoridades, cuando llegue esa ocasión, no sea como la recibida por los agrónomos que intentaron llevar sus reclamos hasta el Palacio Nacional. El suroeste quiere solución, no indiferencia ni agresión.






